Árboles con alma


Mi abuelo, ilustre abogado y popular poeta costumbrista altoaragonés, publicó en 1935 una poesía en homenaje a los árboles dedicada a los niños. Se trataba de un poema sencillo, pedagógico, amable: a continuación transcribo la primera estrofa:

"La cuna en que nuestra madre / nos mece en la edad primera, / la lumbre de los hogares / de las risueñas aldeas, / el techo que nos cobija, / los muebles que nos rodean, / las flores que nos perfuman, / los frutos que nos sustentan, / los libros en que estudiamos / y el arca en que nos entierran; / son producto de los árboles / que véis crecer por doquiera" ...

Pues bien, el objeto de este blog es unirme a ese homenaje y dar a conocer los árboles ya que no con versos míos, con fotografías mías... Y con poemas acerca de los árboles de autores consagrados. Por cierto, el resto de la poesía de mi abuelo podéis leerlo en la entrada "Los árboles" de este blog.

jueves, 7 de abril de 2011

Roble pubescente. Roure Martinenc. (Quercus humilis)

El robre pubescente, roble "peludo" o, simplemente "roble", en castellano, roure martinenc, en catalán, es una de las variedades de roble más presentes en España y, particularmente, en Catalunya. Se trata de un árbol de hoja caduca, que alcanza unos 20 o más metros de altura...  Éste, está situado en Barcelona, en la Diagonal; es un árbol plantado en 1916.

Sus hojas tienen de 5 a 10 centímetros de longitud y unos 3 de anchura; son ovales, con lóbulos más o menos redondeados


Son de color verde claro cuando nacen -como se ve en estas fotografías, hechas en Abril- y se van oscureciendo con el tiempo. El calificativo "pubescente" deriva de que al principio son hojas "peludas"









El tronco es gris o marrón oscuros; tiene la corteza muy agrietada.



Las ramas, fuertes, dan lugar a una copa amplia, incluso más ancha que alta, irregular.







Vemos las hojas más de cerca:






Y, todavía más de cerca:




Se ve asimismo en esta fotografía la rugosidad del tronco.  
                    
Las flores masculinas se organizan en inflorescencias colgantes como las que ahora vemos:



En ocasiones los robles son "atacados" por "agallas", formaciones ajenas al árbol, generadas por algún tipo de insecto, que llegan a tener cierto tamaño. 




Vemos a la izquierda unas de esas agallas formadas sobre un roble de la sierra de Collserola, en Barcelona:

Y, más de cerca:



En otoño, las hojas adquieren un tono pardo o dorado. Permanecen en el árbol hasta medio invierno. Los robles, que forman grandes bosques en la media montaña, cooperan mucho a los bellos colores del otoño: 


Aquí vemos esas hojas pardas... 




En ocasiones esas hojas que "otoñean" pueden llegar a tener unos colores inesperados, sorprendentes, de gran belleza... 

El fruto de los robles es la bellota. En esta especie las bellotas maduran en otoño, pasan del verde al marrón definitivo, y se desprenden de su "cúpula", cayendo al suelo...


Está otra bellota está ya abierta. Vemos que su pedúnculo es muy corto. Las escamas que forman parte de su "cúpula", de su soporte,  y que muchas veces son peludas, son suaves: no pinchan.


Los robles ciudadanos son preciosos, pero aún lo son más los robles de los montes, algunos de ellos inmensos: 


Inmensos, como estos de la sierra de Llaés en la Alta Garrotja: vemos el relativo pequeño tamaño de los excursionistas que nos acompañan... Esta sierra es famosa por sus encinas centenarias e inmensas, que podéis ver en la entrada de la encina. Pero estos robles no les van a la zaga en cuanto a tamaño y belleza: aquí uno de sus troncos.



Mayor todavia, y más antiguo es el  "Roble de Perramón", en el Ripollés".

Dedicaremos otra entrada de este blog a ese roble; está situado , en la ladera del valle del Freser, frente a Montagut. Es un árbol catalogado como "Monumental" por la Generalitat.

Os adelanto una fotografía de su recio tronco. A su derecha veréis mi bastón telescópico...

Quizás a un roble de esa planta se refiere Antonio Machado cuando en su poesía "Las encinas" dice:

El roble es la guerra, el roble
dice el valor y el coraje,
rabia inmoble
en su torcido ramaje;
y es más rudo
que la encina, más nervudo,
más altivo y más señor.
El alto roble parece
que recalca y ennudece
su robustez como atleta
que, erguido, afinca en el suelo.

1 comentario:

  1. Gracias!!! Impresionante!!! Esta semana iré a verlo. No pensaba encontrar un roble en Barcelona!!!

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